El origen: De las carabelas a la técnica avanzada
Desde pequeña entendí que el dibujo es la forma más básica y pura del arte visual. En un hogar donde los recursos eran limitados, un lápiz Mongol y una hoja de papel eran suficientes para crear mundos y, sobre todo, para "congelar" estampas de las casas donde vivía, sabiendo que algún día tendría que dejarlas atrás. El dibujo se iba conmigo, pero la casa no.
Mi fascinación por reproducir la realidad comenzó antes de que supiera que existían términos como "bisado" o "punto de fuga". A los 8 años, ya buscaba ángulos de forma empírica para que mis dibujos tuvieran profundidad. Recuerdo que en tercer grado, mi maestra no creyó que yo hubiera dibujado las tres carabelas de Colón sin ayuda de un adulto; esa incredulidad fue, irónicamente, mi primera validación como artista. 

La técnica detrás de la emoción: 70 horas de vida
Fue la fascinación infantil la que me llevó a buscar ángulos y profundidad de forma empírica desde muy pequeña, y aún hoy, contando con formación académica superior, esa misma rigurosidad es la que aplico en cada obra para que las cosas "parezcan reales" en el papel, reproduciendo texturas que diferencian la fluidez del cabello de la frialdad de un metal.
Lograr que una obra vibre requiere paciencia y un manejo maestro de los materiales. No se trata solo de dibujar; es un estado mental de absoluta concentración.

La magia de la restricción: Creé mi dibujo ¿La última mirada del Jaguar? con solo cuatro lápices: carboncillo, creta, sanguina y sepia. El color amarillo no es un lápiz; es el tono natural del papel que emerge entre los trazos. 
Luz y Profundidad: Uso grafito para las superficies metálicas y carboncillo para negros profundos que no reflejan la luz, como en “Herradura de la suerte”.
Texturas que cobran vida: Para lograr que el cabello se vea fluido se requiere un manejo maestro de las capas. Un ejemplo de esto es el retrato de “Hellen”, donde cada porción de cabello tiene su propia dirección y luz.
Inversión de tiempo: Hay obras que requieren de hasta 70 horas de trabajo minucioso para alcanzar ese nivel de detalle.
Extracto de mi entrevista en el programa Tardeándola de TVN Canal 14.
Calidad de Museo: Un legado para siempre
Inmortalizar una imagen también es una responsabilidad técnica. Por ello, utilizo exclusivamente papel libre de ácido así como lápices y plumillas de marcas profesionales que garantizan que la obra no se decolore ni se deteriore con el paso de las décadas.
Cada pieza es una inversión de patrimonio que incluye un Certificado de Autenticidad numerado y firmado, respaldando que poseés un original único y exclusivo.
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